POEMA YO SIGO CORRIENDO

Un niño corre de la mano de Dios

en un edén que es envidia del cielo,

desapareciendo entre la sombra del sol,

dejando huellas en la orilla

y no se sabe a dónde va.

 

Aquel niño regresa siempre a la playa,

se sienta a sus pies

cuando desliza su cuerpo en la arena,

no habla con nadie mientras piensa,

sus horas de paz son largas,

sus tardes tienen recuerdos lejanos

que dejan líneas escritas

mientras la luna avisa que ya llega.

 

Cada mañana está ahí presente,

es el único niño en la playa,

es la única alma que navega en sus olas.

 

Ya es amigo de las gaviotas ruidosas

que lo incitan a correr en tan hermosa infinidad.

 

Han pasado algunos lustros tercos

y aunque ya no soy tan niño,

aún corro de la mano de Dios

y me pierdo algunas tardes en la sombra del sol.

 

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