POEMA: Esta tarde volví a casa (A los rehenes de la embajada de Japón, Perú-1997)

 

ESTA TARDE VOLVI A CASA

A los rehenes de la embajada del Japón (Perú-1997)

 

Esta tarde volví a casa,

desperté del mal sueño,

las tinieblas se esfumaban,

latía otra vez el corazón

que ya había perdido ritmo,

mis pensamientos divisaban la puerta

de la esperanza en la libertad.

 

Me preguntaba en silencio

y nadie respondía:

¿Cuándo regresaré a casa?

Una mañana desde la ventana

observé en el jardín

la belleza de las campañillas y girasoles,

pensé en llevarlas a casa

cuando la pesadilla termine.

 

Apagué mi rabia con días de oraciones,

jornadas del interesante ajedrez ,

menudas conversaciones y largas lecturas.

 

Nunca antes me aferré tanto a la vida,

extrañé en deliro las caricias de mis pequeñas,

pocas veces veía el sol,

pensaba que todo era una noche.

 

Aprendí a conjugar mi vida

con la valentía de mis compañeros privados de la libertad,

con sus reales sonrisas,

con sus sabias anécdotas,

me dieron la satisfacción de haberlos conocido,

aprendí varias lecciones más:

a contar los días con himnos,

a cantar a capela con mi voz crítica,

a entender la complejidad humana,

a querer con sensatez a mi patria

y a amar más a mi prójimo como a Dios, con las fuerzas de mi corazón.

 

Mi libertad perdió a un amigo ejemplar

y a dos soldados heroicos,

tres recuerdos eternos.

 

Las calles de San Isidro permanecen esta tarde más tranquilas,

la gente del lugar nos aplaudió

mientras volvíamos a casa,

las lágrimas me vencieron

por vez primera desde el encierro de diciembre,

mi reencuentro con la libertad

será motivo para escribir una novela.

Esta tarde regreso a casa

y los rincones de ella

me parecen muy extraños.

Gracias al pueblo peruano y al mundo

por estar con nosotros todo este lapso ausente de un derecho,

gracias a los héroes y soldados

por su indiscutible arrojo y valentía,

por salvarme gratuitamente la vida,

gracias a mis amigos de cautiverio

por su sana tolerancia y envidiable

y amistad sincera en Cristo,

gracias a mi familia

por haber detenido el tiempo,

pero especialmente doy gracias a Dios

porque en su admirada e increíble sabiduría como inteligencia

esta tarde me llevó de regreso a casa.


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