POEMA EN LAS AULAS DEL SABER

 

A mis padres maestros

Recuerdo bien

a mi primera maestra;

mujer elocuente y sabia,

que en su mundo y edén

a cualquiera secuestra.

 

Añoro en mi mente

mis primeros años en la escuela,

mis primeros amigos de carpeta,

al maestro presente,

quien a sus discípulos tutela.

 

En las aulas del saber

el tiempo es un regalo

y los maestros preguntan

sobre los derechos y el deber

a los niños, que en la vida debutan.

 

Entre la lengua y la ciencia,

aquel niño crece rápidamente,

los maestros perennizan el saber

con la mano de la inteligencia y la ética,

que aquel humilde maestro nos las deja concluir.

 

El maestro de sus hornadas no se jubila,

se hace inmortal su divina enseñanza,

entonces Cristo no hubiese edificado una iglesia.

 

Y el maestro entrega en las aulas su vida,

nos derrama sonrisas y alguna tristeza.

 

Al maestro con aprecio infinito en su día,

imagen de Jesús predicador,

quien perfila al niño en un hombre,

quien nos asombra con su sencillez y sabiduría,

al maestro siempre, de quien tengo presente su nombre.

 

Cuando regreso a las aulas del saber

ya no está ahí presente

y permanezco horas en su pupitre,

empezando con mi deber

hago honor con mi prédica al maestro ausente.

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