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Mostrando entradas de enero, 2022

DERRAMANDO LISURAS

 María Isabel fue tu nombre y Abancay  tu cuna, encandilaste a la Lima criolla con valses  acompasados sin rimas y deslumbraste todo escenario con una Flor de Canela. Risueña, dulce, alegre mujer primaveral, enamorada de la melodía que engalana la vida. Una guitarra, un poema  y una voz, hicieron de  Chabuca la fina dama de nuestra canción. Sonrisa que se estampó en la alameda de los valses serenos, dejando unas tantas notas pintadas al recuerdo. Un José Antonio te dejó y te acurrucaste en  jazmines de cielo. Más tarde, tu nombre sería Chabuca del Perú  y una lluvia de elegantes  notas y sutiles versos oyerían   peruanos, que suspiran airosos  en cada compás de tu infinita  imaginación.

VALLEJO

 ¡Vallejo duerme, no ha muerto! Gritan las voces de poetas enfermos. Enfermos de versos, con  preguntas de mortales que nos perturban los sesos. Son las preguntas que ahondan en un cuerpo de barro  o en  el ánima más tibia.   Vallejo es del mundo, de todo tiempo. Todo trajina en el corazón del poeta de Santiago de Chuco; la vida, la  suerte de Dios, los flagelos, el adiós a Miguel, los amores andinos, sus juegos, la nostalgia de ser eterno y el madero de un Cristo, que escribe con espada sus versos. Jugó a la  vida con unos dados eternos, quiso hablar de agonía hasta la agonía. Tuvo sed como hombre, queriendo beber de Dios; quiso hablar de esperanza en el débil y no enlutó a la poesía; la hizo vida desde el dolor, desde el sentir que las venas son lágrimas cuando el alma a solas habla.  Vallejo duerme, en la tinta de un bisoño poeta, y en la historia de un Perú que le adeuda.

AREQUIPA, AREQUIPA

 Nació un invierno bajo espada española, cuando Carbajal no quiso irse del cielo azul, que cubre el alma del valiente mistiano enfrentado a sí mismo en la batalla. Arequipa, Arequipa, te oigo hablar de esperanza, cuando el Misti rasga en su cima la eternidad, cuando Santa Catalina ora en silencio, cuando el juicio justo se oye en plazas, mientras  yo despierto en tu suelo inquieto y en tu litoral  la mar  se hace serena. Un yaraví de Melgar se canta esta mañana, para unir elegías a la vida campestre. Un montonero esconde el enojo tras su deleite ante la campiña celeste. Arequipa, Arequipa. Aún tus hijos no han entendido tu esencia. ¿Por qué no te reconocen mestiza? Arequipa, de la infancia de Víctor Andrés, del elogio de Bustamante, de los poemas de Hidalgo, de las milagros de Sor Ana. Arequipa, novia del blanco volcán, que oye el canto del sillar en la misa de Cayma. La ciudad que desea justicia y paz, donde  muchos no labramos la misma tierra. Arequipa, déjame...

ALMA ERRANTE

 He despertado bajo la ansiedad de mi alma que no agota su trajín inquieto y el anhelo de paz que me asfixia de luz, bajo el soplo de un día cualquiera que puede dictarme las notas de una sinfonía serena que necesita mi vida. ¿Es hoy el día de un Apocalipsis  o una Parusía? ¿Qué está buscando esta  alma errante, que sólo navega? Me iré de noche a encontrarme con ella, y quizás quiera despertarme de la vigilia que me cubre para decirme que ya no es  errante; que culminó el camino, que durmió de tarde y quiere seguir conmigo.    Alma errante, alma dispersa ¿Dónde te escondes tantas tardes, sola y serena? ¿Acaso buscas el umbral de tu paz? Dejarás de ser errante cuando Dios te calme, y tantas respuestas serán destellos de tu propia luz; más tarde, cuando quieras acompañarme a caminar, te diré que he despertado aún con ansiedad y aunque tú sigas errante, ya sabemos por donde andar. 

HOMBRES DESCALZOS

 La sonrisa del nuevo día ilumina a los hombres descalzos con sed. Vienen del frío nocturno, de una velada sin pan y sus ojos que esperan ser hombres de bien. El anciano que clama piedad y el niño mendigo, caminan en la vereda del olvido. Hombres descalzos y pobres, niños sin mal, se cubren de la misma lluvia; del desamor, se ríen bajo el mismo sol; el  del amor. Esperan el alba con sueños de maná, sienten el olvido de un rostro de la humanidad, despiertan  y duermen en la misma plaza. Son los huérfanos  de la caridad. ¡Tanto vacío! ¡Tanto qué cambiar! ¡Tanto amor sin nido! Dejan plegarias los niños con sed a un mármol de  catedral y  un carpintero de Belén, labra  el pesebre de una nueva humanidad.   En caminos muy largos, he pisado algunas veces las mismas huellas de los hombres descalzos. Por esos caminos, es que deseo siempre andar.

EL TIEMPO

 El tiempo marca las horas que pregonan los días, es  el reloj que recuerda un nacimiento y el mismo que anuncia la hora de un juicio final. El tiempo navega en oleadas fuertes. ¡Tan fuertes como el coraje del viento! Él  nos enseña a pensar en sus minutos febriles. y va adelante, conduciendo al hombre en los pasos lentos que al final de la vida debe dar. Sus segundos redondean los sonidos del tic tac, tan frecuentes como los latidos del corazón que sigue a ritmo de tiempo. Y el tiempo no avisa si dejará de marcar, se despide de improviso en medio de lágrimas. ineludible hecho; el  que mis latidos, del tiempo, nunca escaparán.

Y LLEGO LA POESIA

 No sé  si llegó temprano o si llegó a destiempo,  no sé si llegó en otoño o se revistió de encanto en invierno. No sé si fue fugaz o si fue lenta, no sé si pidió permiso o entró  violenta. No sé si es de ahora o   de antes, no sé si está quieta  o permanece errante. No sé si canta o si baila, no sé si llora o solamente calla. No sé si es alegre o si es triste, no sé si está sola o a mí quiere unirse. Creo que sueña, y  luego  piensa, me parece frágil cuando se ausenta, se le escucha cuando habla. Y  llegó la poesía, endiosada en laureles de letras, me llamó y estaba durmiendo, yo la sentía cerca. Y  sé que de improviso arribó a mi  puerto  la  bella poesía.

POEMA LA MAREA

  Este día, cuando ha acechado con sigilo el alba, después de la vigilia, me formulé una inquietud de las muchas que suelo tener.   Y hoy, sólo   hoy, en un efímero momento, instante, que no volverá más, así como es hoy, me pregunté en breve silencio, ante Dios y mí mismo: ¿Qué me deparará la marea, el mañana? Porque necesito saberlo, para luego, contárselo en secreto a mi silencio.   Casi todo ha girado y cambiado. Yo, hombre sin sol, ya no siento la misma mañana, no transito las mismas calles ni saludo a la misma gente, pero si me acuerdo por donde anduve.   Sé que en la marea hay una respuesta que está también dentro de mí, ella espera, aún no quiere salir, tiene temor de vivir.   Debo tenerte respuesta de modo urgente, porque te necesito, y luego de ya   tenerte, debo contárselo en secreto a mi silencio.   Uno de los poemas ganadores del Concurso Letras con Arte, España 2013